¿Quién es África Watson?

África Watson es una comercial dicharachera de talla cincuenta y seis dispuesta a comerse el mundo. Tras años intentando machacar el pasado, Joaquín vuelve a su vida para desmoronar su autoestima y confundir el presente. Ella luchará por recuperar su dignidad, y no dejar de ser ella misma, algo que los demás están especinados en cambiar. Sin embargo pese a todo deberá enfocarse en un importante proyecto, que consiste en camelarse a Charlotte James, importante empresaria neoyorquina. ¿Logrará África W. superar todos los obstáculos que encontrara en el camino? Alguien importante se cruzará en él, alguien tan estupendo, sencillo y encantador que  enamorarse de él sería una autentica locura. Sin embargo, como en tantos otros aspectos de su vida, siempre aparecerá el..¿Y por qué no?
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Dile..

















Dile…
Dile que me enamoré del viento
Que me deje envolver por su brisa
Acunada por su ausencia,
Conteniendo una lágrima
Victima de su esencia…



Dile…
Dile que le ofrecí su nombre
Para que lo llevara lejos
Al país del olvido
Donde los sueños no tienen dueño
Donde amarlo jamás me sea permitido


Dile…
Dile que me quedé esperando
A la orilla del recuerdo
Para que se fuera lejos
Para no quererle tanto
Para no ansiar sus besos…


Pero no le digas..
Que te lo conté entre lágrimas
Y que su nombre tiembla en el borde de mi boca
Que busco sus besos en amores ciegos
Y son otras pieles las que me arropan


Porque son sus labios los que me matan
Su voz la que me encarcela
Y aunque tenga solo una vida entera
Seguiría a la orilla del recuerdo
A que vuelvan sus besos
A que me prometa el mundo a su vera


Dile..
Dile que es él el que me enamora.
 
 

HALLOBLOGWEEN...

Cuando ella abrió los ojos, no lo hizo en su cama. Sofía amaneció dentro de una tétrica oscuridad que la engullía, y el silencio era tan ensordecedor que sus tímpanos tan solo apreciaban un silbido punzante, como si un detonante fuera a explotar de un momento a otro. Horrorizada comprobó como no era capaz de mover un solo músculo del cuerpo, tan solo sus ojos se movían inquietos alrededor de sus órbitas. De repente algo centelleó en la tenebrosidad de esa negrura, y unos ojos maliciosos le devolvieron la mirada con un brillo espeluznante. Luego una ola de aire gélido recorrió sus extremidades, y una voz le susurró al oído desde una perspectiva que ella no esperaba. “No saldrás de esta, no despiertes nunca”. Como si la hubieran lanzado desde un precipicio Sofía despertó empapada en un sudor más frío que el hielo, y alentada comprobó como podía mover los dedos, las manos, los pies.. Corriendo se dirigió al lavabo para hundir su rostro en agua fría y deshacer el mal sabor de boca que le hubo dejado esa pesadilla, pero cuando levantó la cabeza para mirarse en el espejo, no vio más que la pared a sus espaldas con un garabato rojo carmesí que decía. “Te dije que no saldrías de esta”

El mar de la verdad

De pronto, se vio sumergida en un bosque, cuyos árboles eran tan altos y frondosos que apenas dejaban entrar la luz del sol, cuyas sombras escapaban más allá del horizonte. Caminaba descalza, sin rumbo. Sus pies heridos en cada paso, notando cada una de las piedras, y pequeñas ramas astillando su piel. Guiada hacia un sendero sin fin encontró animales sin rostro, que maullaban angustia, que torcían su camino. Y cuándo el dolor era insoportable, y la oscuridad ya no le dejaba ver, una pequeña luz destelló en su interior, y sus pasos retrocedieron porqué presintió que ése no era su camino. Agotada se arrellanó en un suelo frío y húmedo; corría una brisa cálida, silente. Y al levantar la cabeza se encontró frente a un mar de aguas mansas y melodiosas; con cada vaivén las olas le besaban los pies, curando sus heridas. El sol brillaba en lo más alto, y espejeaba sobre las aguas, entonces se deslumbró y atisbó la realidad.. Fue en ese instante cuándo despertó, empapada en un sudor frío que la arropaba más que las caricias de aquel hombre que ya no conocía. Recordó la suavidad del mar, las caricias incondicionales, la paz.. y en ese momento, decidió ser dueña de su vida. Decidió ser libre.

¿Y si algún día vuelves?

Y en un rincón de mi alma,


Guardo el secreto de tus besos,

El aroma de tu piel,

Guiando mis memorias

Hacia un cuento sin fin…



El roce de tus palabras

Que culpables disculpaban

Que no sería dueña de esos labios,

Que susurran el cariño, que anhelan el calor…



Guardo ese abrazo prohibido,

Esa mirada que penetra,

Un gesto de culpa en las caricias

Que un día fueron mías,

Y nunca más volvieron a mi…



Y aunque no despierte,

Con el sol de tu mirada,

Amaneceré con la esperanza,

De alcanzar tu valentía y,

Enfrentarme con tu cuerpo,

Porque solo tú me inspiras,

Solo tú me mereces,

Solo tuya quiero ser…



Y si algún día vuelves,

Te dejaré volar conmigo

Donde todo es posible,

Donde siempre guardé un lugar para ti.

¿Y si algún día vuelves…?