EXPERIENCE



1
La rambla de Palma se extiende como una alfombra larga y gris, estrecha, repleta de gente e invadida de colores vivos y cantarines. Rosas, claveles, orquídeas y narcisos. Me gustan todas, aprecio su belleza, su olor, la intensidad de cada pigmento que las conforma y me lleno de vida tan solo de contemplar la belleza que emana y que hoy los demás son incapaces de percibir ¿es eso felicidad? Y si no lo es no quiero descubrir más. Me llamo Carmen Navarro y hoy va a ser mi día.
 Suenan campanas a mediodía, y el cielo amenaza con nublarse sin llegar a tapar el sol. Acabo de salir del Nail Art cercano a la estación, la china ya me conoce y sabe que no me gustan las uñas excesivamente largas. Es una manicura francesa perfecta para la ocasión. Alicia, como se hacen llamar casi todas las chinas, ha dicho que estoy muy guapa hoy, que me brillan los ojos.
 Amiga, tú muy guapa. Tú siempre manos muy cuidadas.
 Sonrío, forjada de ilusiones. Contemplo de nuevo la perfección de mis uñas y le dejo tres euros de propina como llevo haciendo durante los seis meses que hace que la conozco. 
 Martín siempre se ha fijado en mis manos, dice que son delicadas y suaves, que mis dedos son finos y largos como los de un pianista, pero en esta historia quien toca la música de verdad es él, sus ojos son música, sus palabras, sus gestos. ¡Y qué coño, folla bien! Perdón...
  Nos conocimos el primer año de universidad, Martín acababa de romper con Patricia y, cuando tuvimos nuestra primera cita, no sé si sentirme orgullosa de ello, pero Martín me dijo que yo era especial, que era todo lo contrario a la ostentosa de su ex, algo que no supe interpretar al principio y que luego quise anotarme a favor por considerarme buena persona, más guapa y humilde. Más guapa lo añado yo, aunque no sea tan excéntrica y descarada como ella. El tema de los celos siguió ahí suficiente tiempo. Pero en fin... una no puede ser perfecta en todo. 
 Dos horas más tarde...
Las chicas me rodean en la terraza del Capuccino. Entre miedosa e ilusionada, observo algo ausente como ellas contemplan la perfecta manicura de mis uñas. Rossana suspira, tras obsequiarme con una mirada cargada de fantasía y equilibrando su vaporoso moño rubio ceniza en lo alto de la nuca.
—¡Ay, Carmen! ¡Qué ilusión! Cuéntanos todos los detalles en cuanto termine la cena—dice calándose de nuevo sus enormes gafas de sol.
Trago saliva. Mientras, entre ellas cuchichean y se adelantan al acontecimiento. Sonrío sin poder evitarlo, y repaso mentalmente el mensaje de Martín: Nos vemos en el Bocaccio. Tengo algo importante que darte.
—Y dime, ¿cómo te lo imaginas? —Vero me saca de mi ensoñación.
Titubeo volviendo a la realidad. Ella me contempla embelesada, con las dos manos entrelazadas bajo su barbilla, adivinando cómo me muero de curiosidad.
—Uhmmm...—murmullo entornando los ojos— no sé, ¿de oro blanco? Sí,—afirmo con una ilusión imperiosa dentro de mí que hace que mis dientes resplandezcan y con un brillante que deslumbre a dos kilómetros.
Paseo mi mano en el aire con una elegancia fantasiosa. Ellas se ríen, muertas de envidia sana. En cambio yo, que he estado esperando este momento desde que conocí a Martín, siento que además de la emoción que siento, el corazón va escaparse de mi pecho para echar a correr cuesta abajo.
No puedo esperar más. Adoro las sorpresas.
—¿Y por qué sabes a ciencia cierta que es un anillo?—pregunta Vero rompiendo el encanto.
Fría, calculadora y directa. Así es Verónica, un jarrón de agua fría en estado puro. Es todo lo que no quieres oír. Le han roto el corazón las veces suficientes como para encerrar su corazón con llave y tragársela con un trago de cerveza.
Lo sé...
Me encojo de hombros, y recuerdo nuestra última conversación. Estábamos paseando por la calle del Sindicato y me detuve sin querer frente al escaparate de una tienda de novias. Martín estaba ojeando su teléfono móvil cuando le pregunté si me imaginaba con un vestido como el que llevaba la maniquí. Era un vestido de seda blanca y brillantes. Probablemente Martín no prestó atención a los detalles, tan sólo sonrió como si me ocultara algo. Entonces un presentimiento entre extraño y bueno se arremolino en mi interior. No quise preguntar a qué se debía aquel misterioso silencio. Dos días después recibo su mensaje.
—No puede ser otra cosa. Martín es así—me encojo de hombros de forma casi infantil—, imprevisible ¡Y me encanta!
Dejo a las chicas soportando el dolor dulce de la incertidumbre y, vuelvo a casa para elegir un vestido. Mi apartamento me espera en silencio, respetuoso. Huele a limpio, y los sofás están ordenados en forma de L, algo que puede que no vuelva a ocurrir en mucho tiempo. Quién sabe lo que puede pasar esta noche. Uhmmm... me froto la barbilla y decido colocar con esmero dos velas rojas en forma de esfera sobre la mesita de cristal, como quien no quiere la cosa. Sonrío a solas, y ahora que nadie me ve, salto sobre las puntas de mis pies y grito de júbilo:
¡Bieeeeen!
Llevo meses esperando este momento. A Martín no le convence la idea de pasar por altar. Dice que es un gasto innecesario, y un negocio para restaurantes y tiendas de novias. Martín trabaja en el banco de su padre y eso del dinero lo lleva de cabeza. Pero a mí me hace una ilusión tremenda calarme un vestido de encaje blanco, llevar un pedrolo en el dedo y decir: ¡Sí quiero!
El inoportuno timbrazo de mi móvil me corta el rollo. Es mamá, y no me sobra tiempo para dramatismos.
—¿¡Qué!? Cuenta, cuenta...
Entorno los ojos de forma maquiavélica antes de responder. A veces no sé por qué le cuento las cosas. Mamá es más cotilla que los vecinos de La que se avecina, y se monta unas películas en la cabeza que ni Almodóvar. No sabe lo que se pierde este hombre.
—Mamá por Dios, que aún estoy en casa.
Oigo un suspiro impaciente al otro lado de la línea.
—Vale...—responde con la voz débil—pero después me llamas enseguida. ¡Ay, mi niña! Cómo me gusta Martín; pero oye dame al menos tres meses para perder dos tallas. He visto un vestido en Carolina's que me tiene enamorada...
Niego con la cabeza, esta mujer es imposible.
—Oye mamá, eso, que te tengo que dejar. Luego te llamo, un besito.
Cuelgo el teléfono a pesar de que ella continúa hablando.
Brenda empieza a reclamar mi atención golpeando la puerta de la terraza con sus patitas. La dejo entrar solo unos minutos, no sea cosa que me desmonte el apartamento. Ahora que lo tengo a punto de futuras nupcias.
—¡Ay mi cosita linda! bolita de pelo—la acaricio mientras revolotea divertida entre mis tobillos—mami va a salir a cenar con Martín. Portate bien chuchita mía, y a la vuelta déjanos disfrutar de una noche apasionada ¿de acuerdo amorcito? ¡Ay que cosita más linda!
Brenda me mira, jadeante, mostrándome su lengua con ojitos de cordero degollado. Le alboroto el pelaje blanco, apenada por las prisas y la devuelvo a la terraza.
Abro el armario. Rojo, negro, coral... Sería muy romántico ponerme el vestido con el que conocí a Martín, pero esta vez me apetece sentirme cómoda, ya basta la tensión que llevo en el cuerpo como para estar pendiente de un vestido que me corte la respiración al acabar de cenar. Basta con que sea fácil de quitar. Uhmmm....
Negro sin duda, y a un palmo de la cadera.
Suspiro aliviada al comprobar que el vestido que he elegido me sienta como un guante. Ropa interior rojo escándalo, por supuesto. Peino mi larga cabellera bruna frente al espejo, y formo un mohín con los labios pintados de un rosa pálido. Sombra de ojos dorada para resaltar el color ambarino de mis ojos, y me sonrío a mi misma.
Chapó.
A veces pienso que puedo parecer estúpida, y vuelvo a reírme con esa risa que no puedo controlar. Es lo que hay...
Perfume generoso, bolso de mano con lo imprescindible y ¡a por todas!
El trayecto por las avenidas se hace interminable. En la radio suena una canción de Bryan Adams, le sigo el estribillo desafinando por todo lo alto. Se me hace raro acudir a una cita con Martín cada uno por su lado. A su vez me emociona, e imagino un encuentro caballeroso. Baby when you're gone... Uhmmm Yeahhh. Un sonámbulo me frena en seco, y le esquivo dando repetidos toques de claxon ¡idiota! ¡Baby when you're gone...!
Aparco al otro lado de la calle, a unos cien metros del Bocaccio. Insisto frente al retrovisor. Tal vez debería haberme recogido el pelo, o no. Brillo de labios perfecto. Voy, Martín...
Un camarero sudamericano vestido de un negro riguroso me da la bienvenida, y con un gesto cortés me indica la mesa donde me espera Martín. Y ahí está él, reparo unos segundos, como si fuera nuestra primera cita. Está guapísimo con ese polo de Ralph Laurent blanco impoluto, el pelo engominado hacia el lado izquierdo, con las puntas hacia arriba. De pronto se da cuenta de que he llegado. Le sonrío, como si fuera nuestro primer encuentro, tímido e inocente.
Martín me mira de una forma profunda,serio. Un revoloteo de mariposas en mi estómago me alerta de que ya falta menos. Me acercó a él, y le doy un beso corto en los labios, me responde arqueando las cejas.
Parece preocupado.
Enseguida se acerca otro camarero de piel oscura, y con un resaltado acento sureño nos recita la especialidad de la casa, a la vez que nos tiende una carta a cada uno. Hago un gesto con la mano, quiero la especialidad. Pescado con bla, bla, bla... Martín asiente en silencio, pedirá lo mismo que yo. Agua para los dos. ¿Agua? ¿y el vinito ese que nos pone a mil? Suspiro ansiosa.
—¿Qué tal tu día? —trato de romper el hielo.
Martín hace un gesto indiferente. Yo le devuelvo el gesto con un levantamiento de cejas. Parece decaído, tal vez esto le cueste, ya sé que a veces le cuesta sincerarse. Y precisamente la idea de pasar por el altar no era algo que le hiciera especial ilusión. Sé que hará el esfuerzo por mí, y por nuestra reciente falta de comunicación.
—¿Y el tuyo? —responde con la mirada perdida.
El estómago me ruge.
—Bien, pendiente de tu noticia todo el día.
Martín carraspea, y se apega al respaldo dejando un espacio para que el camarero coloque los cubiertos sobre la mesa. De fondo se oye una débil melodía, y me ponen nerviosa las notas de piano sin otro acorde. Tamborileo con las yemas de los dedos sobre la mesa, esperando una respuesta. Martín me mira con ojos inquisitivos, no esperará a que le lea el pensamiento. Luego hace un amago por hablar, pero antes traga saliva.
—Llevamos siete años juntos, y hemos vivido muy buenos momentos. También malos, y...
—¿Y...?
Martín se revuelve en su asiento.
—Verás, nena—dice inclinándose hacia delante y apoyando su barbilla en sus puños—. Hace tiempo que llevo pensándolo. Tengo algo que pienso que no me pertenece, y quiero que lo tengas tú.
Coloco inmediatamente la mano derecha sobre la mesa tras secarme el sudor de las palmas, e inmediatamente pienso en la foto que voy a colgar en Facebook. Hasta llego a pensar en un anillo antiguo heredado de una bisabuela. Cuánto mal hacen las películas de romances...
—¿Y bien? —consigo balbucear
Martín se lleva la mano derecha hacia el bolsillo del pantalón. Su mano regresa con el puño cerrado. ¿Cabe ahí una cajita? Le miro profundamente, el corazón va escaparse de mi pecho como un puño atravesando una pared de cartón. Pum pum, pum pum...
—Por Dios Martín ¡al grano!
Martín despliega los dedos. Parpadeo unas cuantas veces.
O son imaginaciones mías, o contemplo una arandela custodiando una llave, ¿no será un piso?
—Cariño explicate mejor, ¿te encuentras bien? Estás pálidodigo abanicando mis mejillas..
Martín suspira, como si pretendiera que adivinara lo que quiere decirme.
—Son las llaves de tu apartamento. Necesitamos un tiempo. Lo siento.
Una oleada de frío me inunda el cuerpo, y de repente noto un nudo en mi garganta. No soy capaz de responder. Por un momento quiero creer que lo he entendido mal. A la vez observo el rostro de Martín, él apoya la frente sobre sus nudillos entrelazados haciéndolos rebotar de forma nerviosa. No puedo creerlo. Martín me ha acaba de dejar.
El camarero regresa con desparpajo.
—¡Plato del día para la señorita!
Permanezco unos segundos en silencio sin apartar la mirada de Martín. Siento como una manada de lobos me roe el estómago.
—La señorita no va a cenar —respondo mordaz.
El camarero retrocede un paso con asombro en su rostro. Empujo con fuerza la silla con mi espalda y Martín me agarra con firmeza la muñeca antes de que pueda levantarme. Su mano es más fría que el hielo. Frunzo el ceño atacada de los nervios.
Cariño, solo será un tiempo. Necesito pensar.
Le dirijo una mirada furtiva, cargada de rabia y de odio.
—Y yo necesito, que te vayas a la mierda.
Me levanto con un movimiento brusco, sujetando estoicamente las lágrimas para que no broten en este momento.
No ahora.
Arranco el bolso de la silla, y me despido sin palabras.
—¡Cariño!
Desde el umbral de la puerta le dirijo una última mirada. Quisiera gritarle que es un sinvergüenza sin escrúpulos. Que podría haber sido más conciso a la hora de plantearme esta cita, y que lo odio hasta la saciedad. Y lo que es peor, no pienso decirle que no me imagino su vida sin él. Por eso me trago las palabras antes de responder, con la pena rasgándome el alma.
—Carmen, bonito, no te equivoques.
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Así es Cuando je t'aime no significa amar.


Capítulo 1: 
Nunca llegó a creer que de verdad lo haría. Su mirada se resiste mientras sujeta el arma entre sus manos. Él la mira sin desafío; más allá de sus ojos, más lejos de su inexistente valentía, y estos a la vez se muestran emborronados y vacilantes. Con la otra mano ella sigue sujetando el teléfono móvil contra su oído y alguien a través de la línea le susurra al oído con la voz teñida de melancolía. Ella procura mantener la calma pese al temblor que sacude su cuerpo. Las piernas apenas le responden.
¾Te amo. Te amo como nunca he amado a nadie...¾Simone continúa con la voz ahogada y las pupilas anegadas y vacilantes ¾todo saldrá bien;¾titubea con un hilo de voz¾ cuida de Alexander mientras yo termino con esta historia de una vez.
Él sigue al otro lado de la línea mientras ella aprecia todas las formas del revólver entre sus rígidos dedos, una suave y casi anormal cálida brizna alborota su larga cabellera; su cuerpo tiembla, aterrorizado bajo la tenue luz de una luna medio consumida; el tiempo corre, no aplazará más su decisión; no hay vuelta atrás, y reacia a despedirse con la mirada incierta de aquellos ojos negros que conocen el significado de esas palabras, Simone amartilla el revólver ; y acto seguido con la angustia explosionando en su garganta da un trago de su castigo y recuerda lo que la ha llevado hasta el final apretando el gatillo sin pensarlo más, contra el hombre que con celos incrédulos siente caer su cuerpo, derribado al vacío, chocando contra las frías y plomizas aguas del Sena. Simone deja caer las lágrimas que asaltan sus pestañas y ruedan ardientes por sus mejillas como dos cálices de fuego, de súbito grita con amargo desgarro y desesperación una y otra vez, cayendo de rodillas contra el suelo, sin aliento, encogiéndose de dolor y dejando resbalar de sus manos el arma que le ha arrebatado parte de su vida, estremeciendo con su eco la fría oscuridad de la noche y llenándose de un vacío casi imposible de describir.

Unas semanas antes…

Un cielo tormentoso. De fondo la ciudad de la luz; eclipsada por pesados nubarrones que parecen descansar sobre los mismos tejados. Huele a goma de neumático gastada sobre el asfalto y, el atropellado ritmo de la ciudad resuena en eco por doquier. Son las doce del mediodía y da la impresión de ser de noche, también la primavera parece haberse olvidado de París. Simone descansa perezosa, apoyando su barbilla sobre la palma de su mano, con la mirada mas allá de la humeante taza de café expreso que la espera en silencio; resopla pensativa y ante el nervioso impulso de sostener algo en las manos, agarra de una manotada un ejemplar de Le Monde y ojea las páginas sin prestarles suficiente atención; el camarero continua frotando copas de cristal detrás de la barra con vuelcos de muñeca automáticos, y harto de la misma rutina se permite una pausa para acompañar a Simone con un zumo de manzana, se sienta a su lado con suma confianza con las rodillas apuntando hacia ella, ella prueba a sonreír aunque no le apetece, él lo nota; no tiene un motivo especial para no hacerlo, tan solo no tiene ganas , el día en sí lo ha decidido.
¾No conocía la faceta aburrida de Simone ¾se burla Ean torciendo la barbilla
¾Hay muchas cosas que no conoces de mi¾bromea no en vano, con una mueca inestable a la vez que agarra la taza de café y da un largo sorbo, está amargo y le guiña los ojos. Ean hace temblar su pierna sobre el reposapiés del taburete y no le quita la vista de encima. Es un joven sin escrúpulos, de aspecto escuálido y rizos engominados recogidos detrás de las orejas, sus ojos son del color de las avellanas y sus dientes desalineados; la tez morena. Simone jamás lo piropearía en serio y sabe que él la encuentra rabiosamente atractiva, se le nota en la mirada y a ella eso la hace sentir segura, sin dejar de provocarle cierto morbo hacia ella misma.
¾Tu lo que necesitas es una de esas Markhas locas.. Con un tipo como yo, por supuesto¾fanfarronea Ean apuntándose a si mismo
¾Lo que me hace falta de verdad son unas buenas vacaciones¾suspira Simone sujetándose las sienes con la yema de los dedos.
¾Estoy hablando en serio, no es una cita. Unas copas, unos bailes..¾menea los hombros¾el sexo lo dejaremos para lo último ¾añade con sentido del humor y Simone le atiza en la cabeza con el periódico mordiéndose el labio inferior, él se encoge entre risas.
¾Prometo portarme bien y no emborracharme¾asegura juntando las palmas de las manos.
¾No es eso; no me apetece, y aunque quisiera no tengo quien se ocupe de Alexander¾se excusa ella y coqueta se mesa sus largos cabellos negros con la yema de sus dedos.
¾No es necesario este mismo fin de semana, pero creo que sería bueno para ti¾ sugiere Ean.
¾Ya hablaremos ¾se escabulle ella jugueteando con una servilleta de papel
¾Esto lo soluciono yo con un croissant de chocolate, no te puedes negar¾salta detrás de la barra y le alcanza un platillo con uno de ellos.
¾ ¿Crees que voy a venderme por un croissant ¾le apunta con el dedo índice y los ojos entrecerrados¾ aunque sea de chocolate?¾lo mira golosa¾ Bueno.. Es negociable ¾Bromea Simone
¾Todo tiene un precio, amiga.
La tormenta ruge con un sonoro e impetuoso estallido; segundos después finas aunque agresivas gotas de lluvia tamborilean sobre el toldo que cubre la terraza de Le Rostand; Simone se apresura a recoger su bolso y Markharse antes de que empeore el tiempo, se asoma a la calle, dos mujeres corren entre risas escandalosas cubriendo sus cabezas, siente una punzada en el estómago y corre al lavabo antes de Markharse. Ean alcanza el mando a distancia relajándose sobre la barra y sube el volumen del televisor. Aparece la fotografía de un hombre en la TF1, la joven presentadora Laurence Ferrari, sustituye a Patrick Poivre después de su fulgurante despido.
Ayer a estas horas se produjo la liberación de uno de los terroristas mas peligrosos de todos los tiempos, Eneko Echevarria, terrorista español que actuó en uno de los atentados perpetrados en Francia en 2002, ha sido liberado provisionalmente bajo supervisión policial; nada mas pisar la calle a declarado: “Hay un asunto pendiente, que cambiara mucho las cosas.” Esto es todo por ahora, seguiremos informando de las últimas noticias.
La cadena del inodoro ruge y Simone sale con prisas, le deja unas monedas en la barra y se despide con un gesto simpático. Le quedan unas cosas que hacer en el centro comercial.
Simone se distrae visitando varias tiendas de ropa y pierde la noción del tiempo; tras consultar su reloj de muñeca acelera sus pasos hacía el Renault negro que la espera aparcado en la calle, se ha olvidado de pagar el ticket y se encuentra una multa empapada en el parabrisas, no le da la menor importancia y la desmenuza en mil pedazos. Se introduce en el coche y vuelve a ojear el reloj, escasos minutos la distancian del colegio de su hijo e impaciente espera a que el taxista que se ha colocado tras ella retroceda unos metros para dejarla salir; parece corto de oídos y ella asesta el estruendoso claxon entre quejas y bramidos, pisa a fondo el acelerador con la Markha en punto muerto y comprueba por el retrovisor que el hombre ha captado la indirecta desplazando con parsimonia su vehiculo hacia atrás. Ella sonríe vacilante, baja la ventanilla y le desea un buen día; el hombre de aspecto rudo y taciturno la despide con ojos de lechuza; ella se regocija arrancando bruscamente y conduce con una sola mano, la izquierda, enciende la radio y suena Madonna, Simone se anima y canta con ella. Con un poco de suerte a pesar del denso trafico parisino Simone llega a tiempo, tuerce la esquina con un volantazo seco y aparca sin problemas, o eso cree; agarra el gigantesco y mullido bolso de color mostaza con forma de globo y asas de madera, y hurga en él hasta encontrar un chicle de clorofila, nota la boca seca y no le gusta la sensación, justo antes de querer levantar la cabeza una fornida mano le atrapa la nuca manteniendo con una brusca sacudida su cabeza enderezada a través de la ventanilla, siente los pelos tirando de la piel. Confundida e intimidada no mueve un solo músculo del cuerpo y procura dominar la respiración antes de abrir la boca:
¾Coja todo el dinero de mi bolso..es poco pero es todo lo que tengo ¾balbucea asustadiza, aún así si no se encontrara dentro del vehiculo arrojaría su mal genio contra el hombre que la sujeta por la nuca, el agresor se ríe con ironía y Simone abre los ojos desmesuradamente; aunque transcurrieran cien años reconocería esa risa de perro viejo y resfriado a cincuenta leguas; sus pupilas se mueven hacia el rabillo del ojo izquierdo corroborando sus sospechas ,y su corazón comienza a golpear su pecho brutalmente; el hombre acerca su cara al cuello de ella y exhala su perfume como quien esnifa una ralla de cocaína:
¾Sigues con el mismo perfume de siempre; hueles a zorrita, como en los viejos tiempos ¾vuelve a reírse con ironía y, Simone nota el siseo de su risa en la nuca, luego la viscosidad de su lengua arrastrándose por su piel y se sacude en asiento de cuero. Alexander aparece entre otros niños de su edad, con la mochila de Spiderman a cuestas; se despide de sus compañeros con un gesto fantástico, y extrañado con la mirada perdida se apoya en las verjas verdes del Rodin. La garganta del hombre carraspea y Simone traga saliva con sopor:
¾Tienes un hijo precioso, imagino que es lo que mas aprecias en esta vida; después de la libertad, claro ¾vuelve a reír cruelmente¾vas a pagar tu parte de culpa zorrita, pero esta vez se hará justicia de la buena, no creas que será fácil. Vigila bien a tu hijo¾empuja su cabeza contra la luna delantera, ella ya no soporta el dolor¾dentro de tres semanas volveremos a encontrarnos, aquí en el mismo lugar, a la misma hora doce horas mas tarde, esta vez traerás un maletín con mis cien mil euros; me da absolutamente igual como los reúnas¾acentúa sus palabras para que suenen peor¾quedaremos en paz; de lo contrario ese niño de allí delante impaciente por ver a su mamá correrá un serio peligro.¾Simone se revuelve con los dientes apretados e intenta mirarle a los ojos, consigue ver el terror reflejado en sus pupilas, él no ha cambiado, es el mismo hijo de puta que fue siempre, unos años mas viejo.¾voy a golpearte donde mas duele; pero tranquila para mi sería mas fácil matarle, sabes bien de lo que soy capaz, y lo haría sin pestañear; aún así no lo haré ¿y sabes porque? Porque quiero ver como saboreas el sufrimiento, como lloras como una puta desgraciada ¾siente como la mano le estruja dolorosamente mas fuerte¾y la mejor manera de hacerlo es haciéndole pupita ¿Qué te parece si lo dejo postrado en una silla de ruedas?¾Ha cambiado su tono de voz por uno mas acusador.
¾Haz el favor de alejarte de mi hijo, si hay algo pendiente entre tú y yo, lo arreglaremos entre los dos, olvídate de Alexander.¾suplica ella
¾Ni hablar¾Simone siente como a pesar del hervor que siente en su cuerpo la piel de los brazos se le eriza hasta sentir un dolor punzante en cada poro de su piel.
¾¿Acaso crees que es tan fácil reunir tanto dinero en tres semanas?¾protesta irritada
¾¿Vas a ponerle precio a la salud de tu hijo? ¾Simone recuerda las palabras de Ean, también recuerda que para Eneko lo más importante es el dinero.¾Estoy seguro de que harás lo imposible por tenerme contento, sino un ¡bang! Y listo¾vuelve a reírse a la vez que un ataque de tos seca le inunda la garganta; Simone nota como la mano le afloja la nuca¾tres semanas, nada de policía; tú y yo, espero no tener más problemas contigo¾luego huye arrastrando una pierna lesionada. Ella entiende que tarde o temprano tenía que suceder, no confiaba que fuera tan pronto, tampoco que aparecería de repente, cuando la vida le va medianamente bien y sus sueños se dirigen a hacerse realidad, siente rabia hacía sí misma y no soporta no poder desprenderse de ese amargo pasado que lleva sellado en la conciencia; Eneko no perdona, eso mas que una posibilidad es un imposible y se ahoga en su propio miedo cuando recuerda que por sus venas no corre la misma sangre que para el resto de la humanidad; ¡Mierda! asesta el volante con un brutal golpe de muñeca, se mira en el espejo y pasa el dorso del dedo índice por debajo de sus pestañas, tiene los ojos llenos de ira; no quiere que Alexander lo note y procura controlar el temblor que sacude sus piernas. Simone abandona rápidamente el coche y se dirige hacia su hijo, quiere abrazarlo pero él se muestra distante, enfadado, y esquiva el beso que ella pretende darle mientras le sigue hasta el aparcamiento. Unos minutos de silencio. Simone ni siquiera enciende la radio, se encuentra desorientada y le lanza miradas intermitentes a Alexander que esta cabizbajo . Al poco rato ha olvidado el motivo que le ha llevado a negarle un beso a su madre y suelta una retahíla de cómo le ha ido el día en el cole:
¾Hoy he jugado al fútbol con Jeferson en el tiempo de patio, por eso David se ha enfadado conmigo porque dice que le había prometido una partida de canicas, yo le he dicho que las canicas son aburridas y el me ha contestado que yo soy tonto del culo, ¡yo le he dicho que no es verdad! y que ya no quiero ser más su amigo y él ahora dice que si no somos amigos tendremos que pelearnos, pero él es un enano y yo soy más fuerte que él ¿a que si mamá, a que yo soy el más fuerte? ¾dice formando una “L” con su brazo derecho y masajeándolo con la otra mano ¾¡mamá no estas mirando!

¾Perdona cariño, tenía la cabeza en otra parte…¾Simone se disculpa y Alexander continua con su prueba de músculos...

Cómo escribir dos novelas o más a la par

Escribir a la par dos o tres novelas puede parecer alarmante. Todo depende de los motivos que te lleven a escribir y de la inspiración que utilices para ello. Actualmente estoy a punto de terminar Experience, una historia intensa en la que trabajo desde una tensión emocional que es la que debe mandar en la historia. Tengo una lista de reproducción de música que hace que sintonice con ella y hace que acompase lo que quiero transmitir. Hace más de un año que trabajo con ella y no puedo seguir su ritmo siempre. Es normal que cuando llevo veinte páginas seguidas deba descansar y dejarla reposar. La cabeza no da para más. En cambio en mi mente siempre surgen ideas paralelas. No puedo apartarlas y no darles forma. Es como escuchar otra música. Simplemente abro otro archivo y anoto un título con la fuerza necesaria que va a hacer que conecte con la idea. Para mí es fácil diferenciar distintas historias. El secreto está en la emoción. Qué emoción quiero transmitir con cada historia. No puedo confundirme, los personajes son tan diferentes y tienen su propio carácter que es como diferenciar mis amistades. Por costumbre la inspiración es escurridiza, cuando trabajo con una novela suelo agobiarme al visualizar lo que me queda por delante y automáticamente el deseo de acabar hace que me planteé cómo será la próxima. Por eso cuando estoy con una es fácil que no deje de pensar en la otra. Eso no quiere decir que les dé la misma prioridad a ambas. Lo importante es hacer un trabajo bien hecho. No me importa el tiempo, tan sólo no dejar de escribir. En este momento tengo cuatro proyectos en marcha. Parece una locura, aunque puede que tarde mucho en terminarlos a todos. Mi mente manda. Depende de mis pensamientos o de la inspiración me siento a trabajar en uno u otro. Pero sólo lo hago si realmente me siento con ganas. El trabajo del escritor no es siempre frente al ordenador. La mayoría de trabajo transcurre en mi cabeza. Ahí es donde donde doy forma a las historias y detecto si las emociones que quiero transmitir son las correctas. Puede parecer poco común lo que digo. Simplemente es mi manera de trabajar. Encerrarme en una sola novela sería mi perdición. Necesito desconectar de cada una para luego volver después de hacer limpieza de emociones y comprobar si lo escrito anteriormente está descrito con la misma fuerza que quiero trasmitir. En el próximo post hablaré de cómo plantearte una novela y escribir muchas páginas en un día. Ese es otro tema. Un exceso de información nunca es atendida correctamente. ¡Hasta la próxima!

Escribe como un autor de éxito

Para escribir como un autor de éxito tenemos que pensar como tal, y sentir como tal. Te preguntarás de qué manera lo vamos a hacer, y es muy sencillo. El gran problema de los escritores es la frustración frente a la hoja en blanco, ¿pero tú qué ves ante la pantalla cuando sucede eso? Para mí es un lienzo abierto donde puedo crear de cero y plasmar miles de historias que están por contar. Adoro el papel en blanco y sería capaz de empezar una nueva historia a cada momento. Entiendo que es normal sentir que nos bloqueamos cuando no tenemos nada que contar, pero ¿acaso es necesario? Un escritor no puede estar inspirado las veinticuatro horas del día ¡y vaya chollo sería si pudiéramos escribir horas sin parar! Por lo tanto vamos a ponernos en la piel del escritor de éxito y por un momento vamos a imaginar cómo se siente. Él diría algo así: “Soy una persona potencialmente creativa. Escribo buenas historias porque tengo algo bueno que contar. La inspiración me llega a su debido momento, y no fuerzo escenas que no tengo claras en mi mente. Visualizo a mis personajes y tengo claro cómo van actuar en cada situación. Escribo porque disfruto con ello, y sé que cuando lo hago, doy el cien por cien de mis conocimientos. Siento lo que escribo como real, de esa forma puedo transmitir lo que siento. No me frustro si no sé cómo continuar un capítulo porque sé que en el momento menos esperado me llegará la respuesta. Entonces dispongo de más tiempo para volver atrás y comprobar si debo modificar algo después de que mi historia haya reposado durante unos días. Barajo posibilidades y me quedo con la que sea capaz de impactarme después de leerla un par de veces, de lo contrario no impactaré al lector. Procuro leer a diario y enriquecerme de un vocabulario amplio, de esa forma tengo mi propio estilo seleccionando palabras y forma de narrar”. Cada cual puede escribir su monólogo dependiendo de las creencias que tenga acerca de la escritura. En mi caso suelo trabajar con dos novelas a la vez, cosas de la vida (o de las musas) en este momento trabajo con tres. Cuando no estoy inspirada en una lo estoy para otra, y si no me siento creativa procuro revisar escenas con otro archivo aparte por si tengo que ampliarlas y de ese modo no habré continuado con un capítulo pero habré ganado páginas de mi novela. Parece estresante ¿verdad? Pues no lo es para nada, porque cuando me siento frente al ordenador para escribir es porque me apetece, no por una obligación. El resto transcurre en mi cabeza, imagino a mis personajes, busco la esencia de mi historia, lo que quiero transmitir. Y solo cuando soy capaz de provocar esos mismos sentimientos en forma de palabra, los plasmo en el papel. Otro día seguimos ¡feliz escritura!

Cómo me planteo una novela

Estoy cansada, vengo de una entrevista en la radio donde hablo de mi última novela “Nena”. Curiosidades de la vida, necesito trabajar en dos novelas a la vez. No preguntéis porqué. El caso es que tenía pensado continuar con “Experience”. Una novela que llevo bastante avanzada, aunque necesita muchas vuelcas de tuerca. Sé que es la mía y que es diferente. Nadie le ha dado esa perspectiva y quiero hacerlo bien. Bien, me acuesto (es la única forma en que mi cabeza descansa) aún así no puedo dormir. Tenemos visita... ¿me pregunto si no descansarán nunca las puñeteras? Y ahí están, rodeándome en mi cama sin medir la voz. Son las musas. Traen consigo algo que quieren que escriba, y ¡malditas sean! Tienen razón. Por si necesito detalles, me bombardean con imágenes (yo que quería dormir) pero es que me obsequian con un protagonista que quita el aliento a cualquiera, y unas escenas que como me duerma las pierdo entre sueños. Entonces me levanto, mientras ellas me apremian y tomo una libreta (ya va cargadita de borradores) y le meto un marcapáginas. Fecha nueva y en menos de diez minutos he ideado un plan de cómo me voy a plantear la novela. ¿Cómo? Vamos allá: Obviamente tenemos que comenzar para dirigirnos a un punto de conflicto. Por lo tanto comienzo con una escaleta donde presento a los dos personajes (principal y secundario) y donde se crea una situación que merece una acción por su parte. Creo dudas en la protagonista para tome parte en un problema que se ha creado sola y que va a hacer que cambie el rumbo de sus pensamientos. Tengo un punto de conflicto y he de llegar a él. Por lo tanto hago que entre una persona inesperada y confunda el presente. Creo un mapa mental donde el conflicto es el centro, y de ahí creo ramificaciones: Pros, contras, enemigos, puntos a favor, posibles escenas. Cosas muy buenas combinadas con cosas muy malas. No podemos aburrir al lector con una línea argumental plana y inserto un malentendido que hace que todo se desmorone y cree una gran confusión. Juego con las emociones de los protagonistas y los llevo al borde de la locura. Entonces tengo un final contundente e impactante, y he de llegar a él. He de mantener la intriga. Visualizo, veo a mis personajes en acción. Y cuando cobran vida, puedo distinguir sus rostros, sé que tengo medio trabajo hecho, porque yo les doy alas. Pero solo ellos serán capaces de volar. Otro día os contaré más, alguien está tocando la puerta.