Cómo me planteo una novela

Estoy cansada, vengo de una entrevista en la radio donde hablo de mi última novela “Nena”. Curiosidades de la vida, necesito trabajar en dos novelas a la vez. No preguntéis porqué. El caso es que tenía pensado continuar con “Experience”. Una novela que llevo bastante avanzada, aunque necesita muchas vuelcas de tuerca. Sé que es la mía y que es diferente. Nadie le ha dado esa perspectiva y quiero hacerlo bien. Bien, me acuesto (es la única forma en que mi cabeza descansa) aún así no puedo dormir. Tenemos visita... ¿me pregunto si no descansarán nunca las puñeteras? Y ahí están, rodeándome en mi cama sin medir la voz. Son las musas. Traen consigo algo que quieren que escriba, y ¡malditas sean! Tienen razón. Por si necesito detalles, me bombardean con imágenes (yo que quería dormir) pero es que me obsequian con un protagonista que quita el aliento a cualquiera, y unas escenas que como me duerma las pierdo entre sueños. Entonces me levanto, mientras ellas me apremian y tomo una libreta (ya va cargadita de borradores) y le meto un marcapáginas. Fecha nueva y en menos de diez minutos he ideado un plan de cómo me voy a plantear la novela. ¿Cómo? Vamos allá: Obviamente tenemos que comenzar para dirigirnos a un punto de conflicto. Por lo tanto comienzo con una escaleta donde presento a los dos personajes (principal y secundario) y donde se crea una situación que merece una acción por su parte. Creo dudas en la protagonista para tome parte en un problema que se ha creado sola y que va a hacer que cambie el rumbo de sus pensamientos. Tengo un punto de conflicto y he de llegar a él. Por lo tanto hago que entre una persona inesperada y confunda el presente. Creo un mapa mental donde el conflicto es el centro, y de ahí creo ramificaciones: Pros, contras, enemigos, puntos a favor, posibles escenas. Cosas muy buenas combinadas con cosas muy malas. No podemos aburrir al lector con una línea argumental plana y inserto un malentendido que hace que todo se desmorone y cree una gran confusión. Juego con las emociones de los protagonistas y los llevo al borde de la locura. Entonces tengo un final contundente e impactante, y he de llegar a él. He de mantener la intriga. Visualizo, veo a mis personajes en acción. Y cuando cobran vida, puedo distinguir sus rostros, sé que tengo medio trabajo hecho, porque yo les doy alas. Pero solo ellos serán capaces de volar. Otro día os contaré más, alguien está tocando la puerta.

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